Como anticipábamos en la comunicación anterior, la estación entrante ya se manifiesta en su plenitud. Amaneceres perezosos y esos primeros rayos cálidos que nos agrupan como pirinchos al sol.
Últimos tiránidos atrasados o de procedencias lejanas que pasan en silencio, casi inadvertidamente y la agrupación granívora que ordena sus tropas invadiendo pálidos campos de hierbas deslucidas y arbustos raquíticos. De pronto abundan los chingolos, algunos parecen provenir de los alrededores tal vez, otros proceden de latitudes patagónicas. Y así como vienen pasan; quién sabe a dónde. Resulta interesante, en la curiosidad del caso, que se oigan cantar algunos de estos chingolos. Esto daría que pensar en la posibilidad que sean aves de residencia permanente en defensa del territorio ante la llegada de las masas migratorias, o bien inmaduros en práctica sinfónica.
También aumentó en número la Monterita de Collar (Poospiza torquata) y aparecieron Picaflor Cometa (Sappho sparganura), Diuca (Diuca diuca) y Monterita Canela (Poospiza ornata) entre los visitantes invernales más destacados. Ya los Cortarramas (Phytotma rutila) van cambiando atuendo por esos pardos camuflados que hacen juego con hojas secas.
Este fenómeno de traslado y recambio de especies coincide con observaciones de especialistas, resultado del producto de interesantes investigaciones. Por ejemplo dentro del sistema de aves que teóricamente se trasladan de climas templados a tropicales se destaca la familia Tyrannidae, en tanto que las que correspondientes al sistema “frío-templado” son mayormente granívoras, u omnívoras o generalistas. Un caso particular es el del Cortarramas ya que en otras regiones del país parece responder al segundo sistema, lo cual contrasta con nuestra experiencia en la región dado que tanto en Relinchos como en el Jardín Botánico el mayor flujo de individuos se da a fines del verano, luego del cual el número de individuos disminuye notablemente.
Vale destacar la permanencia aún en el sitio de la Mosqueta Estriada (Myiophobus fasciatus), ave que parece resistirse a los cambios y esas escalofriantes mañanas bajo cero. Entre los tiranos, al flujo post-reproductivo de Viudita de Hudson (Knipolegus hudsoni) le sucedió el de Viudita Común (Knipolegus aterrimus). ¿Será residente invernal en el sitio?
Por su parte, los atajacaminos (Familia Caprimulgidae) han copado enteramente la red de senderos en la parcela. Primero llegaron los coludos (Hydropsalis brasiliana), y al tiempo los Ñañarca (Caprimulgus longirostris). Este grupo de aves nocturnas son tan poco conocidas en general, que aún siendo relativamente comunes han permanecido envueltas en las nubes de un misterio arcano. Es entendible por qué se conoce tan poco sobre estas aves: son difícil de ver, de identificar (si no cantan) y viven fuera del horario de actividad habitual del humano.

El programa para los meses de otoño ha llegado a su fin. Hemos completado los 10 muestreos y los resultados fueron enteramente satisfactorios. Cabe destacar por sobre todo la gran convocatoria y entusiasta concurrencia que esta iniciativa ha generado. Más de 30 personas han participado regularmente del trabajo de campo. Esta vez agradecemos muy especialmente a las familias Villafañe y Rojas por el aguante, y a quienes nos han acompañado emotivamente en estos últimos muestreos: Erika Jacobsohn, David Vergara, Ernesto Verga, Valentina Saur Palmieri, Katherine Fuentes, Gustavo Serrano, su esposa y dos hijos, Sayri Valussi, Agustín Caviglia, y Meli Salguero. Por otro lado expresamos inmensa gratitud a la Dra. Susana Peluc por la orientación técnico-académica y al Vermont Center for Ecostudies y Aves Argentinas/BirdLife International por el equipamiento.
Juan

